sábado, 3 de abril de 2010

La que peca por la paga y el que paga por pecar

Últimamente estoy viviendo situaciones extrañas, que son conocidas, pero que las veía sólo por televisión. Salir a la calle no es fácil, hay muchos hombres que se rebuscan para ganarse el pan y llevarlo a la casa para que la familia coma. Y también hay mujeres que salen a la calle para sobrevivir o alimentar a su hijito que cría sola porque es madre soltera vaya a saber Dios por qué.
El viernes santo salimos a pasear con mi familia fuera de la ciudad, ya de regreso volvíamos por la avenida Uruguay en busca de la moto de mi novio que había dejado en la empresa para la cual trabaja. Era medianoche de viernes santo para sábado de gloria (según el calendario cristiano) cuando despedí a mi padre, a su señora y a mi hermano y crucé la avenida. Todos habíamos notado que en la esquina de la empresa habían dos “muchachas de la vida” esperando a sus clientes, e hicimos algunos chistes con respecto a ellas, yo me quedé parada en la entrada (o salida) que está en el medio de la cuadra. No es la primera vez que veo mujeres así en sus puntos estratégicos y marcados (porque siempre están en el mismo lugar y no se meten en lugares de trabajo de otras), pero ese día me pregunté qué hacía yo allí a esas horas, parada en frente de la empresa, a 50 metros de ellas, sola, esperando a que mi novio traiga su moto para irnos rápido de allí. Qué pensaría si pasa alguien en un auto, no sea que crean que yo era una de ellas y me paren, me dio miedo.
Fue entonces que por la misma vereda a 80 metros aproximados, en sentido contrario a la esquina donde estaban las mujeres, vi que un joven, flaco, muy flaco, petiso, con unos jeans y remera naranja con estampa en el frente, caminaba hacia mi dirección, mientras más se acercaba parecía caérsele la baba, se tocaba la boca con la mano derecha como limpiándose, mientras mantenía la mano izquierda en el bolsillo del pantalón. Cuando subió a la misma vereda de la empresa empecé a preocuparme, sospeché que el flaco estaba buscando alguien para pagar o no pagar, en fin, quería alguien para sacarse las ganas. Rápidamente miré hacia adentro de la empresa para ver si mi novio ya venía, y justo aparece con su moto y empieza a caminar hacia la salida donde estaba yo. Vuelvo a mirar hacia mi derecha y veo que el petiso seguía acercándose a mí, dejé de mirar para el lado del que él venía y miré para adentro nuevamente, y ahí se dio cuenta de que yo no estaba sola, mi novio ya estaba muy cerca del portón y un suspiro de tranquilidad salió de mis pulmones.
El flaco siguió caminando y dejé de atender su camino y presté atención a mi regreso a casa. En eso la moto no arrancaba, porque tiene algunos problemas de mecánica que no entiendo, entonces tardamos un poquito en irnos. Así que otra vez me entretuve viendo qué había sido del flaco. Levanté la vista y estaba parado en la esquina, hablando con las mujeres. Seguí mirando otro poco y vi que el chico metió la mano en el bolsillo derecho y sacó un manojo de dinero que contó y se lo entregó a una de las mujeres que estaba sentada, la más flaca de las dos. Esa noche había humedad y hacía calor así que la flaca estaba con una minifalda de jeans y top negro que le tapaba un poco el torso. Ella tomó el dinero que el flaco petiso le dio y empezó a contar la plata sin pararse. Cuando terminó de contar, asentó con la mirada hacia el falco y hacia su compañera de esquina y se paró, le dijo algo a la otra chica, una gordita y un poco más petisa que la flaca, y empezó a caminar con el flaco hacia el lado donde estábamos nosotros.
La moto arrancó y estaba en punto muerto, regulando un momento para que no se vuelva a apagar. Entonces me subí antes de que lleguen a donde estábamos y no quise mirarlos a la cara como para no ser cómplice de ellos, o tal vez por miedo también, qué se yo si el día de mañana me los vuelvo a cruzar, no quiero recordar sus rostros para reconocerlos en otro ámbito. Pero luego de que cruzaron y nosotros seguíamos subidos en la moto, esperando esta vez que pasen todos los autos que salieron del semáforo para empezar el regreso, los miré nuevamente. El flaco sacó sus cigarrillos y ofreciéndole a la mujer ésta tomó uno y lo encendió con el encendedor que él le pasó. Doblaron la esquina de la empresa rumbo a quién-sabe-dónde, él le hablaba a ella y ella contestaba, qué irían hablando en una situación así ¿no?, yo supuse que irían a un hotel transitorio que hay a dos cuadras de la avenida Uruguay, tomando la calle que ellos tomaron, pero fue la misma que tomamos nosotros y al paso que iban los tendríamos que haber cruzado una vez más y no fue así. Hasta ahora tengo la intriga de cuál fue el paradero, porque también hay una estación de servicio abandonada en la intersección de dicha avenida y otra llamada Rosales, si mal no recuerdo, eso de que cambien los nombres de las calles en determinada altura es un bodrio.
Así se encontraron esas dos personas esa noche de viernes santo, se ve que el ayuno de ese día deja con hambre a algunas personas y luego salen hambrientos a comer por la noche, ya que después de las 00:00hs pueden pecar tranquilos.


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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola amiga! te dejo el prime comentario de tu muyyyy importante historia.El hecho de q sea la primera me confirma quehoy nadie lee, nadie ve, y nadie se interesa ya por lo verdaderamente importante. Esas son las cosas que componen nuestro diario vivir: personas que hacen cosas por necesidad, y personas que se aprovechan de eso. En tanto el mundo sigue asi, en medio de este bodrio, nos queda nada más que tratar de no esta nunca en esa situacion, y rogar que nuestra futura prole tampoco lo esté. creo que si logramos eso, seremos grandes, aunque los del poder no lo noten, aunque no estemos en la tele....... aunque eso, en realidad importa? te dejo un abrazo. DElia

Lobo Estepario dijo...

Está muy interesante tú relato...sobre todo me gustó la analogía del final respecto a los Días Santos, el ayuno y el propio significado que para muchos nos pueda decir algo el memorial de la Pasión; y para otros...un viernes como cualquier otro.

Paula Andrea dijo...

Gracias por sus comentarios amigos!!! Abrazos!!