miércoles, 24 de marzo de 2010

Autobiografía De Un Esclavo de Juan Francisco Manzano

Introducción

Autobiografía de un esclavo de Juan Francisco Manzano marca un antes y un después en la literatura cubana, siendo la primera obra escrita por un esclavo afrocubano antes de la abolición oficial de la esclavitud. Es decir, escrita con conocimiento de causa, un estado vivido en carne propia.
De todas maneras, este “estado” en el que se encontraba el autor lo limitaba económica y culturalmente. Sin embargo, en esta obra pretende recorrer sus vivencias y, al mismo tiempo, lograr recaudar los fondos necesarios para su manumisión (precio estipulado por su ama) demostrando así una escala de valores de los que depende: sociales, educativos, familiares y de trabajo.
El género adoptado fue influencia de su mentor, Domingo Del Monte, y Juan Francisco encontró así la oportunidad para exponer lo entrenado que estaba para ser manumitido.
Como obra, es interesante analizar intratextualmente el discurso autobiográfico logrando entender las estrategias narrativas que se aplican en la Autobiografía, para ello, se tendrán en cuenta los mecanismos de auto-representación (autofiguración) elegidos, los silencios, cautelas y las propuestas disimuladas en la narración. También, centralizar al “yo” autobiográfico, valorando el estilo, el testimonio de los recuerdos y la invención del autor.
De esta manera, el presente trabajo monográfico pretende recorrer esos tópicos ejemplificando, en la edición de la obra modernizada por Iván A. Schulman, las marcas de un discurso autobiográfico limitado por el contexto político y social en el que se desarrolló, como testimonio individual de una situación colectiva.


Cuando el sistema limita los dones

El contexto cubano en el que se desarrolla la vida de Juan Francisco Manzano estaba marcado por el sistema esclavista, donde el esclavo era un “ser muerto” sujeto a diversos trabajos, muchas veces inventados por el amo para mantenerlo ocupado. No tenían acceso a la enseñanza de lectura y escritura porque se los consideraba indignos de ella. Tampoco eran dignos de momentos de recreación y formación de cualquier tipo, sólo se los preparaba para sus trabajos, muchas veces pesados, con sobrecargas horarias y en condiciones insalubres. En tanto, cuando no cumplían alguno de los deberes mandados, rápidamente eran castigados con azotes, encierros en diferentes lugares, pasaban días sin comida y no recibían ni un vaso con agua. Asimismo, bastaba con la sospecha de los amos para que sin pruebas ni posibilidad de defensa castigaran al esclavo prácticamente todos los días.
A pesar de los límites, castigos y falta de tiempo, Manzano lograba, gracias a su memoria, componer versos que endulzaban los oídos de sus contemporáneos. Por ser tan hablador, según lo que cuenta él mismo en Autobiografía de un esclavo, al menos una vez lo pusieron de penitencia por este motivo:

“Supo mi señora que yo hablaba mucho, ya que los criados viejos de mi casa me rodeaban cuando yo estaba de humor, para gustar de oír mis décimas (…) y dio orden expresa en la casa de que nadie me hablase (…) Como carecía de escritura, para estudiar las cosas que yo componía hablaba solo, haciendo gestos y afecciones según la naturaleza de la composición.” (1975; 68)

Una noche, rodeado de niños y criadas repitió un cuento, mientras detrás de unas persianas su ama lo escuchó. Al día siguiente fue éste el castigo:

“…me pusieron una gran mordaza y me pararon en un taburete en medio de la sala con unos motes, de los que no me acuerdo, por detrás y por delante. Además, se hizo recta prohibición de que nadie entrara en conversación conmigo y si yo trataba de tenerla con alguno de mis mayores, debían darme un gaznatón.” (Ibíd.)

Por otra parte, mientras era esclavo de Don Francisco de Cárdenas y Manzano, hijo de la marquesa Justiz de Santa Ana, aprovechaba el tiempo de estudio del amo para aprender escuchando las clases, tomando los libros de retórica para leer y calcando la letra de su señor para aprender a escribir:

“Contentísimo con mi logrado intento me pasaba desde las cinco hasta la diez ejercitando la mano en letras menudas. Aún de día, cuando tenía tiempo, lo hacía también” (90)

Pero, luego de que el señor lo sorprendiera varias veces en la punta de una mesa, le impuso que deje ese entretenimiento porque no era algo digno de su clase. Aún así, Manzano continuó practicando de noche, cuando todos se acostaban.
Esta voluntad inquebrantable de Juan Francisco tiene que ver con su deseo de superación del pasado, su deseo de libertad y de ingreso a la sociedad blanca, es decir, superar la esclavitud para ser libre, lejos de los azotes, aflicciones y penitencias que fueron sus sufrimientos diarios, principalmente mientras fue esclavo de la marquesa de Prado Ameno.
Es interesante destacar que a Manzano, siendo esclavo, le tenían vedadas muchas cosas, pero de la misma forma que se las arreglaba para dar un bocado a las comidas que siempre le faltaban, hacía así con los textos para leer y escribir cuanto podía:

“Tenía yo desde bien chico la costumbre de leer cuanto era leíble en mi idioma y cuando iba por la calle siempre andaba recogiendo pedacitos de papel impreso y si estaba en verso hasta no aprenderlo todo de memoria no rezaba.” (102)

Lamentablemente, cuando logró redactar por fin los dos manuscritos de la historia de su vida, el texto sufrió varias manipulaciones, fenómeno habitual en los relatos de esclavos norteamericanos del Siglo XIX. Los esclavos, al no saber escribir, dictaban su historia a un redactor quien luego de leer el texto era posible que “añadiera datos o efectos retóricos para aumentar el dramatismo del relato” (Molloy 2001, 55). Se puede observar que el caso de Manzano es diferente a otros porque cuando compuso su relato ya sabía escribir, aún así necesito la mediación del hombre blanco porque, al ser esclavo, estaba imposibilitado de publicar cualquier texto por su cuenta, es decir, carecía de autoridad para ser incorporado a la institución literaria blanca y así ser escuchado y leído.
Los manuscritos de la Autobiografía comenzaron a circular en el grupo delmontino y en ese proceso desapareció la segunda parte del manuscrito. El que se conserva corresponde a la primera parte y, según aporta Molloy, “abarca desde los primeros años de Manzano hasta su huída a los 19 años” (2001; 54). Además de desaparecer una parte del texto, al tener tantas deficiencias ortográficas y sintácticas que dificultaban la lectura, Del Monte pidió a Anselmo Suárez y Romero, joven escritor cubano y miembro de su grupo, que haga las correcciones para la publicación final.
La misma manipulación sufre el texto al ser traducido y modificado al inglés por Richard Madden:

“…la traducción de Madden es en realidad reconstrucción del texto original en español, en el cual se expresaban puntos de vista abolicionistas, lo cual explicaría por qué el texto subraya particularmente las degradaciones de la esclavitud” (Molloy 2001, 63 nota al pie)

Al respecto, podemos aportar que sucedió así por cuestiones ideológicas, ya que tanto el traductor como Domingo del Monte adherían (aunque no abiertamente) a la causa abolicionista como veremos a continuación.


Proyecto autobiográfico

Según Silvia Molloy, la iniciativa de escribir la historia de vida de Manzano fue gracias a Domingo del Monte, ya que escribió la Autobiografía a pedido de éste “para dar publicidad en el extranjero a la causa abolicionista” (2001, 54)

Iván Schulman, en el estudio preliminar a su edición de la autobiografía de Manzano, aduce que Domingo del Monte sabía el peligro que corría el esclavo de ser censurado y castigado, pero continuaron porque el mentor pensaba publicar el texto en Europa, al igual que los poemas de Juan Francisco publicados con anterioridad. El mismo Schulman agrega:

“Del Monte pensaba publicar esta Autobiografía en Europa, lo mismo que los poemas del esclavo. En efecto, el relato se publicó por primera vez en Inglaterra, traducido al inglés por R. R. Madden.” (1975, 34)

Asimismo, ese texto público cargado de acontecimientos privados está sujeto a la condición de esclavitud de su autor. Es por ello que el registro de los hechos que nos llegan a nosotros como lectores fue seleccionado en pos de no caer en la crueldad de los amos, es decir, que los silencios que encontramos en la Autobiografía nos aportan el miedo y la tristeza de no querer repetir los sucesos que se cuentan allí. Por ejemplo, encerrado en el cepo, luego de una noche de invierno, Manzano fue castigado por haber arrancado una hoja del jardín, la cual al ser machucada despedía un olor muy fuerte:

“Me sacaron una tabla parada a un horcón que sostiene del colgadizo un mazo de cujes, como cincuenta de ellos. Vi al pie de la tabla al administrador envuelto en su capote. Dijo debajo del pañuelo que le tapaba la boca, con voz ronca, que me amarraran las manos. Las ataron como las de Jesucristo. Me cargaron y metieron los pies en las dos aberturas que tenía. También mis pies se ataron. ¡Oh, Dios! Corramos un velo por el resto de esta escena.” (84)

Para trabajar sobre la problemática de la autobiografía recurrimos al concepto manejado por Silvia Molloy en la Introducción de su libro Acto de Presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica. Así, señalamos que la autobiografía es la re-presentación de un yo, una re-construcción de la historia vivida por ese Yo que es autor y personaje al mismo tiempo, es decir, que lo que se nos presenta como texto es la reconstrucción o la imagen que el autobiógrafo tiene de sí mismo y, por lo tanto, esa “evocación del pasado está condicionada por la autofiguración del sujeto en el presente” (1996, 19). Al mismo tiempo, el “yo” experimenta un proceso de objetivación que se plasma en la narración, pero que a su vez está marcado por la ideología o “intencionalidad individual dentro de un gesto de afirmación social ante un campo cultural determinado” (Amícola 2007, 17).

En la articulación de los sucesos almacenados en la memoria de Manzano, y siguiendo el último ejemplo citado, observamos que prefiere correr “un velo” por ese acontecimiento, al igual que en otros casos dentro de su narración. El recuerdo de los aberrantes castigos de los que fue víctima no le permite verbalizar algunos detalles que seguramente habrán dejado cicatrices tanto físicas como psicológicas. En otro pasaje, podemos observar el silencio que guarda ante otra escena frustrante:

“… y vi a mi madre puesta en el lugar de sacrificio por primera vez en su vida (…) Viendo yo a mi madre en este estado, suspenso, no podía ni llorar, ni discurrir, ni huir. Temblaba mientras que, sin pudor, los cuatro negros se apoderaron de ella y la arrojaron en tierra para azotarla. Pedía por Dios. Por ella todo lo resistí. Pero al oír estallar el primer fustazo, convertido en león, en tigre o en la fiera más animosa, estuve a pique de perder la vida a manos del citado Silvestre. Pero pasemos en silencio el resto de esta escena.” (73, Resaltado mío)

Los silencios de Manzano dan cuenta de un escritor precavido, que conciente de su condición, toma recaudos sobre qué decir y qué callar, no sólo por miedo a ser castigado por su ama por lo que pueda decir, sino también por un posible rechazo por parte de los lectores. Esa evocación del pasado en el presente, aunque sea pasando detalles en silencio, se relaciona con “la imagen que el autobiógrafo tiene de sí, la que desea proyectar o la que el público le exige” (Molloy 1996, 19). En este sentido, la imagen que Manzano proyecta de sí mismo puede resumirse en el siguiente pasaje de la Autobiografía:

“Si se trata de hacer un exacto resumen de la historia de mi vida, sería una repetición de sucesos todos semejantes entre sí. Desde mi edad de trece o catorce años, mi vida ha sido una consecución de penitencia, encierro, azotes y aflicciones. Así determino escribir los sucesos más notables que me han acarreado una opinión tan terrible como nociva. Sé que nunca, por más que me esfuerce con la verdad en los labios, ocuparé el lugar de un hombre perfecto o de bien. Pero al menos ante el juicio sensato del hombre imparcial se verá hasta qué punto llega la preocupación del mayor número de los hombres contra el infeliz que ha incurrido en alguna flaqueza” (Ibíd., 82, resaltados míos)

Aquí, el autor se refiere al esfuerzo por decir la verdad, esfuerzo que muchas veces hizo ante las acusaciones de su ama, la marquesa de Prado Ameno, y que no le sirvieron para salir ileso de los azotes. En este sentido, observamos un estado de subestimación para consigo mismo, y su esperanza puesta en el juicio de un hombre objetivo que se preocupe por la situación de sufrimiento de los esclavos.


La manumisión

El hombre negro debía pagar el monto que fijaba el amo por él y convertirse así en negro libre.
Antes de ser liberto gracias a Del Monte, Manzano estuvo cerca de lograr la manumisión por la voluntad y trabajo de su madre, María del Pilar, pero la marquesa de Prado Ameno no le dio la libertad. La madre del esclavo llevó el dinero para liberarlo porque quería que sea el padre para sus hermanos ya que Toribio de Castro había muerto, además de querer que su hijo dejara de sufrir. A pesar del pago, la señora se quedó con el dinero y Manzano se quedó esperando la libertad que no vio llegar en ese entonces. En su relato muestra que se generó falsas expectativas sobre ser libre:

“Mas el resultado de esto fue que mi madre salió sin dinero y yo quedé esperando qué sé yo qué tiempo que no he visto llegar” (85)

Asimismo, en otro pasaje expresa:

“Este tratamiento mostró de nuevo los errados cálculos que había formado de mi suerte.
Desengañado de que todo era un sueño y que mi padecer se renovaba, me acometió de nuevo la idea de que tenía que verme en La Habana” (105, resaltados míos)

En estos ejemplos, Manzano deja ver un sentimiento de frustración y desengaño con respecto a su rescate. Sin embargo, una fuerza interior, nacida del renacimiento de sus padecimientos en casa de la marquesa de Prado Ameno, hace que piense en la idea de abandonar ese lugar y volver a La Habana donde se sentía mejor tratado.
La libertad parcial que el autor-narrador presenta en la primera parte de la Autobiografía tiene que ver con la fuga. Luego de fugarse de los maltratos de la marquesa de Prado Ameno, donde termina su relato, corrió otras suertes hasta ser esclavo de doña María de Zayas. A ella se le pagaron los ochocientos pesos para la manumisión del poeta. Y este gran acontecimiento para la vida de Manzano se debe en gran parte al trabajo de Domingo del Monte, ya que fue él quien organizó una recolecta de dinero para pagar el monto mencionado. El conocimiento de la manumisión de Manzano, así como de los oficios posteriores a ella, nos llega a través del estudio preliminar de Iván Schulman:

“Del servicio de la señora María de Zayas pasó a ser negro libre ejerciendo oficios tan diversos como sastre, pintor, dulcero y cocinero.” (26)

Como vimos anteriormente, la segunda parte de la historia de Manzano desapareció, por lo cual gran parte de su experiencia como esclavo de otros amos quedaron sólo en su memoria. Sin embargo, lo que logró trascender a pesar de la censura y que llegó hasta nosotros, se convirtió en la oportunidad para exponer cómo se entrenó su autor para dar ese paso decisivo que tanto anhelaba, que era la libertad.


Conclusión

Ejemplo de voluntad, Manzano logró aprender a leer y a escribir a pesar de las vicisitudes poco favorables para él, por su condición de esclavo, ya que no era digno de aprendizajes de este tipo. Incluso antes de escribir, ya guardaba en su memoria los versos que recitaba a sus pares, y que muchas veces por ser tan hablador le valieron castigos de su ama.
El proyecto iniciado por Domingo del Monte para que Manzano escribiera sobre su vida como esclavo fue el punto inicial para la libertad tan deseada por él. Es meritoria la actitud de Del Monte sobre la preocupación por la libertad del esclavo y sobre todo por la iniciativa de la escritura del único texto autobiográfico escrito por un esclavo que se conoce.
La autobiografía siempre es la re-presentación de un yo, alguien que vuelve a contar su pasado en el presente. Para ello, recurre a la memoria e intenta narrar los recuerdos con objetividad. Pero, condicionado por aspectos sociales y culturales, selecciona meticulosamente esos recuerdos que comparte con el lector y los acontecimientos que se guarda para sí. Hemos visto que la esclavitud marcó a Manzano y movido por el temor de los castigos o por el rechazo del lector pasó “en silencio” varias escenas dolorosas que lo podían comprometer, pero también para proyectar una imagen de sí mismo ante su público lector.
La historia de Manzano es literaria e históricamente interesante y entretenida. Este texto autobiográfico fuera de la problemática de la autofiguración es dramático y triste, y a pesar de ser un relato individual, un caso particular, es voz colectiva de la situación de Cuba en el Siglo XIX.



Bibliografía:

- AMÍCOLA, J. (2007): Autobiografía como autofiguración. Estrategias discursivas del yo y cuestiones de género. Rosario. Beatriz Viterbo.
- MANZANO, J. F. (1975): Autobiografía de un esclavo. Madrid. Guadarrama. Introducción, notas y actualización de Iván A. Schulman.
- MOLLOY, S. (1996): “Introducción” en Acto de Presencia. La escritura Autobiográfica en Hispanoamérica. México. FCE.
- ………………… (2001): “De la sujeción al sujeto: La Autobiografía de Juan Francisco Manzano” en Acto de Presencia. La escritura Autobiográfica en Hispanoamérica. México FCE.

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3 comentarios:

Vero dijo...

Muy bueno! Estaba buscando algo sobre autobiografía y me encontré con algo más que eso...seguiré internándome en el blog saludos

Paula Andrea dijo...

Hola Vero! qué bueno, me alegra! Seguí navegando que siempre agrego cosas nuevas, es más, el tema de autobiografía me gusta mucho así que trato de seguir mis trabajos por esa línea en lo posible. Cualquier cosa que necesites no dudes en pedirme! Abrazo!

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