miércoles, 24 de marzo de 2010

Cambios

¿Cuánto de imposible existe en nuestros deseos? ¿Cómo sabemos cuando podemos hacer realidad esas cosas que creemos inalcanzables? ¿Cuánto miedo existe en esos sueños que no logramos concretar? Estas son algunas de las preguntas que rondan en mi cabeza diariamente cada vez que pienso en las cosas que quiero hacer y que por algún motivo no puedo. Es probable que el mayor motivo sea el miedo, porque somos miedosos, hay que reconocerlo, nos gusta estar seguros en casa o en el trabajo que ya tenemos, o cómodos con la pareja que está a nuestro lado aunque no nos sintamos felices plenamente, y la inestabilidad que puede producir un cambio en algún aspecto de nuestra vida nos aterroriza. Y mientras tanto, nuestros sueños, lo que queríamos ser cuando éramos chicos, los proyectos y sueños que teníamos cuando éramos solteros se van apagando en medio de la rutina, la maldita rutina. Aún sabiendo que somos libres nos estancamos, nos cortamos las alas que nos dieron para volar, abandonamos la iniciativa de hacer algo para y por nosotros mismos. Y, si elegimos vivir de esta manera por nuestra cuenta y nadie nos obliga a vivir como vivimos y a estar en el lugar que estamos, vuelvo a preguntar ¿Cuánto de imposible existe en nuestros deseos?
¿Por qué no podemos volver a elegir? ¿Por qué no elegimos cambiar el hoy? ¿Por qué nos gusta tanto sufrir con la rutina y el mal humor de los demás que nos rodean y parecen hacernos la vida más difícil? Sigo haciendo muchas preguntas, y todo por no tener la fortaleza de empezar a cambiar, de dejar de pensar y realmente hacer algo. Creo que no es falta de decisiones, ni imposibilidad, ni incapacidad. Porque en el fondo sabemos lo que queremos, y eso que queremos no coincide con lo que tenemos y vivimos día a día, por eso nos sentimos mal. Pero si sabemos lo que queremos ¿por qué no lo hacemos?
Sabemos todo, que la vida pasa, que el tiempo pasa, que sólo se vive una vez, que no sabemos si mañana seguimos vivos y por eso hay que vivir cada día como si fuese el último, lo sabemos ¿y? como dice Patricio Rey en su tema “La dicha no es una cosa alegre”: “¿Cuánto tiempo más vas a estar esclavizado así?... estás tolerando todo, lastimas tu corazón… mientras la vida se va, mientras la vida pasa…” una y otra vez, en todos los aspectos de nuestra vida, cada vez que hacemos algo que va en contra de lo que queremos hacer nos esclavizamos, nos sentimos mal. Seguro te preguntarás qué es eso que tanto quiero hacer que me hace sentir mal, porque es obvio que algo me agobia y que me hace escribir esto. Y si, efectivamente hay algo, en medio de mi libertad, ganada por mujeres de generaciones anteriores con mucho esfuerzo, y después de haber pasado una etapa de mi vida en la que era como Susanita, (un personaje de Mafalda que se quería casar, tener hijos y ser ama de casa), hoy quiero hacer algo diferente, quiero esa libertad que me deje hacer lo que me dicta mi corazón, Los Fabulosos Cadillacs lo expresan bien: “quiero ver amanecer, pero del otro lado ver amanecer”. Quiero tomar decisiones que no lastimen a nadie, hacer cosas que no molesten a nadie, y que nadie me reclame o me juzgue por cualquier cosa que haga. Quiero que me acepten así como soy, quiero hacer muchas cosas antes de morirme y que nada ni nadie me detenga. Quiero viajar, quiero ver otros horizontes, otros atardeceres, otra gente, otras culturas, quiero disfrutar y amar sin medida. Y si tengo algún lado para volver, quiero volver, volver y que me sigan conociendo, queriendo, y si hay alguien para recibirme, que lo haga con los brazos abiertos. Creo que vale la pena vivir para hacer todas las cosas que queremos hacer, nuestros sueños no son imposibles, sólo tenemos miedo de hacerlos realidad.

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