domingo, 24 de enero de 2010

Rupturas familiares

El rol de la familia dentro de la sociedad tiene una mayor importancia de la que se le da comúnmente. Todos hablan del tema, pero lo que se refleja, en la práctica, no apoya a la teoría.
La familia es el primer grupo social en el cual el individuo cumple un rol. El primero de los roles es el de oyente, una actitud pasiva en la que se observa cómo funciona, cómo se compone dicho grupo y, principalmente, el ejemplo que los padres como cabeza del grupo le dan a los hijos. Estos, desde muy pequeños ven en el hogar lo que más adelante, llegada su adultez, volcarán a la familia que ellos construirán. Este es el punto que nos preocupa, y por el cual se presentan tantos dilemas cuando se toca el tema. ¿Por qué? simplemente porque uno no tiene asegurada, de ninguna manera, la estabilidad en el hogar.
Cuando se decide contraer el enlace matrimonial uno lo hace pensando que es para siempre, de hecho no sólo se piensa sino que se desea, se quiere mantener dicha unión “hasta que la muerte los separe”. Pero la actualidad y la realidad es otra. Muchas familias se desarman por diversos motivos y queda un ejemplo para los hijos que no es el que se quiso dar desde un principio. Los problemas y las preguntas brotan como agua de vertiente: ¿Qué pasará con esos hijos cuando deban formar una familia? ¿Quedan ganas en los hijos de formar una familia luego de tener como experiencia la ruptura de su familia de origen? ¿Qué garantiza que ellos no comentan las mismas cosas y sigan los mismos pasos que sus padres? o lo más utópico: ¿Cómo terminar con las rupturas familiares?
Todos sabemos que no hay más garantía que el amor para continuar unidos, porque puede faltar dinero, puede haber distancias por razones laborales, pueden tener infinitos problemas y solucionarlos con amor. Pero cuando el amor se termina ¿Adonde va a parar el ideal de la familia unida?, y el ejemplo que venían dando y que ahora dan ¿de que manera influirá sobre los hijos?
El desconcierto lo encontramos en la decisión de arriesgarse o no a formar una familia sabiendo que de la noche a la mañana se puede destruir todo lo construido. ¿Por qué? porque no hay un libro que diga “casate con un tipo así porque con ese vas a durar toda la vida”, es arriesgarse a vivir esa experiencia maravillosa de la familia o arrepentirse de no haberlo intentado. Y lo que hay que resaltar aquí es que no todos desean exponerse, ni exponer a sus hijos al dolor que la ruptura deja en los corazones de cada uno de los integrantes del grupo. Es más, aún después del desenlace los padres buscan que los hijos no cometan los mismos errores, ya sea mediante consejos o mediante prohibiciones específicas.
Todo lo dicho va de la mano de las actitudes que los jóvenes toman frente a la separación de los padres. Están los que se revelan al hecho ocurrido haciendo determinadas cosas que los alejen de la realidad que están viviendo, los que se vuelven fríos ante las relaciones que entablan (por desconfianza e inseguridad), y los que tienen los dos síntomas. Así, se vuelven rebeldes, fríos, siempre a la defensiva, no cediendo lugar a vivir la misma desdicha que ellos sufrieron al ver la quiebra de su familia (de la cual seguramente no tuvieron la culpa), buscando respuestas a tantos porqués que se preguntan. El ejemplo que dejan los padres es definitivo, marcan a los hijos para siempre, por eso es importantísimo lograr que crezcan con el calor del hogar y viendo, como seres pasivos que son, el ejemplo de los jefes del grupo. Incluso sin dejar que el afán de hacer lo posible para que nada material falte haga olvidar los pequeños, buenos y únicos momentos que los hijos quisieran compartir con los padres, y que nunca se volverán a repetir.
Para evitar la ruptura de la familia no existe una fórmula mágica, la felicidad no tiene prospecto, y no cuesta mucho aspirar a la alianza eterna para lograr que el grupo de familias en el que vivimos, y conocemos como sociedad, se anime y atreva a mantener vivo el amor que hace que los hijos crezcan unidos y con ganas de repetir y revivir en ellos el buen ejemplo que los padres le dejaron.


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3 comentarios:

Cachito dijo...

Paula, me encantó tu post.
Todavía no he podido leerlo ( seré sincero: posiblemente no lo haga nunca. Es demasiado largo ) pero de todos modos me pareció re importante casi todo lo que decís.
Se nota que sos una persona inteligente, madura, equilibrada, empática, hepática y simpática. Tambien sos re tierna y estás para darte.
En síntesis: un post admirable, muy por encima de la media, un post de esos que crean adicción, como el paco o el dulce de leche.
¡¡Enhorabuena, Paula Andrea!!

José de Felipe dijo...

Brillante como siempre.
No sé qué situación estaréis viviendo en Argentina pero lo cierto es que tu texto refleja perfectamente una de las mayores carencias que vivimos aquí y es la falta del sentimiento familiar.

Creo que la familia es la institución más importante y la que realmente debe educar, pero la falta de valores tan imprescindibles como éste hacen de la sociedad personas insensibles y sin respeto por nada.
Es solo mi opinión.

Un saludo

Paula Andrea dijo...

Aquí en Argentina, la familia tipo ya no se trata de padre, madre, varón y nena. Ese estereotipo quedó obsoleto, ya son "padre, madre, tus hijos, mis hijos y los nuestros" eso sin contar a madres y padres solteros. De todas formas cualquier vínculo que se pueda formar, en mi opinión, debería estar basado en el amor, la aceptación y la tolerancia.