domingo, 15 de noviembre de 2009

“Prácticas literarias de la vanguardia argentina: Cuentos de la Oficina de Roberto Mariani”

Argentina del centenario: campo intelectual

El presente trabajo propone un acercamiento al discurso vanguardista argentino desde la perspectiva de Roberto Mariani, escritor que representa y adhiere al grupo de Boedo, uno de los grupos literarios argentinos que, junto a Florida, marcaron gran importancia en el período “entre guerras” en Argentina.
Para delimitar brevemente la situación general del país en aquel entonces, es preciso mencionar, siguiendo lo aportado por Altamirano y Sarlo (1997), que el proceso inmigratorio generaba inquietud y nuevas “cristalizaciones ideológicas” en torno a la identidad nacional, y dicha transformación social generaría diversas respuestas en las capas intelectuales en gestación.
Por otra parte, el mercado literario se acentuaba y los escritores que antes tenían otras actividades (generalmente política) se abocan a la tarea literaria por completo. Con esto, hablamos del momento en que el escritor deviene en “escritor profesional”, donde escribir se convierte en la ocupación central, donde se genera la conciencia del oficio de escritor.
En general, el carácter social en la literatura vanguardista es un rasgo característico, un “fenómeno típicamente burgués” aportó Sanguineti (1972), donde la protesta y el cuestionamiento de la estructura social hacen eco de la Revolución Rusa.
Por otro lado, Pierre Bourdieu (1983) escribió que quienes se ocuparon del estudio de las obras literarias, descuidaron siempre tomar en cuenta el espacio social (trasfondo social, contexto, medio) en el que estaban situados los productores de las obras (artistas, escritores) y el valor que tiene dicho espacio. Es por ello que desarrolló estudios acerca del campo intelectual y, dentro de éste, específicamente, el campo literario. Estos temas nos sirven precisamente para entender mejor la postura que Roberto Mariani adopta para la creación sus obras.
El campo literario, siguiendo a Bourdieu, es un tipo de campo de producción cultural, que al igual que otros campos de producción (científico, artístico, etc.) tiene sus dominantes y dominados, es un lugar en el que existen luchas de poder, donde algunos son conservadores y otros vanguardistas. Lo importante es reconocer que en un campo intelectual existen fenómenos con formas específicas, diferentes a otros campos, y que está compuesto por agentes que cumplen determinadas cualidades, que constituyen categorías de escritores. En otras palabras, un campo intelectual está dotado de agentes que ocupan (toman) posiciones estéticas pre-determinadas socialmente. En el caso de la literatura argentina, hemos visto brevemente que existían dos polos opuestos social e ideológicamente, Boedo y Florida. Dentro del grupo de Boedo, sus “agentes” conforman un espacio social común en el que se abocan por una causa, la revolución social. Mariani, perteneciente al mencionado grupo, nos es ajeno a ello y, como veremos, está comprometido con dicha causa. Él, cargando con el trasfondo social de la argentina del centenario (burguesía, inmigración, pobreza y trabajo mal pago, entre otras realidades) producirá, con lenguaje sencillo, obras con matices verosímiles, metafóricos e irónicos, siendo muestra de los valores e ideologías del campo literario del que formaba parte.



El arte comprometido en la Argentina del 20

El grupo de Boedo practicó en nuestro país una literatura al servicio de la revolución social, lo cual no significa que existió únicamente en el grupo de Boedo, sino que esta práctica literaria antecede y sucede los límites de las producciones boedistas. Este grupo es sólo una de las formas de manifestar la literatura social, pero es quizás la primera experiencia colectiva manifestada en nuestro país. Como dijo Giordano:

“Por literatura de Boedo… debe entenderse la que produjo ese grupo de escritores mientras existió como tal, nucleado alrededor de determinadas revistas y editoriales” (GIORDANO, 1983: 30)

Podríamos decir entonces que la literatura de Boedo es literatura social, pero la literatura social no es sólo la que produjo el grupo de Boedo, aunque ambas formas conjugan la literatura como instrumento para lograr la revolución social.
El campo de apoyo en el que se sustentan las producciones boedistas, tienen entonces, un carácter social, la resonancia del deseo de cambio frente a una sociedad injusta para los trabajadores con tono de denuncia social. La literatura de Boedo era diferente a las demás literaturas vanguardistas y poseían una fuerte influencia del realismo social que mostraban los escritores europeos, principalmente los rusos, como Dostoievsky y Tolstoi. Los boedistas invitaban a los hombres y mujeres a que luchen ante la realidad cotidiana, tal como lo manifestaron en la revista Claridad:

“…lucha primero por libertar a tu espíritu de los lazos que lo aprisionan… Lucha contra la iglesia, que es represión y barbarie; lucha contra el Estado, que es el entronizamiento de unos pocos aprovechados; contra el ejército que es refugio de criminales… Lucha contra la moral cristiana… lucha, hermano. ¡Si supieras cómo te enaltece la lucha!”(Manifiesto de la revista Claridad)

Fue tal el compromiso con los temas sociales por parte de esta generación escritores que vieron la necesidad de agruparse para realizar una tarea más efectiva sobre literatura realista y de intención social.



Roberto Mariani y el proyecto intelectual boedista

Las crecientes diferencias entre los polos opuestos, martinfierristas-boedistas, llevó a Roberto Mariani a publicar una carta abierta en el Nº 7 de la revista Martín Fierro. En ella evoca al manifiesto martinfierrista, publicado en el Nº 4 de dicha revista, que pregonaba tener “fe en nuestra fonética, en nuestra visión, y en nuestros modales, en nuestro oído”, por ello los incrimina, por invocar el poema de Hernández, símbolo del criollismo, a pesar de tener ellos una cultura europea, y de practicar un arte para las minorías con un lenguaje complicado. Además, reprocha que idolatren a Lugones, a quien Mariani considera fascista. Con esta carta, según Giordano y según Schäffauer, comienza la verdadera polémica entre Boedo y Florida.
En cuanto a la narrativa de Mariani, observamos que rechaza lo mencionado anteriormente, y utiliza en su narrativa un lenguaje sencillo. La expresión literaria de este autor aspira a ser útil al pueblo, una concepción artística diferente a la del grupo de escritores de Florida. Al respecto, Giordano aporta:

“Sin patetismo, sin forzar la mera presentación de los hechos, con un discreto uso de la ironía, Mariani levanta la gris epopeya de los obreros de cuello duro, de los tristes empleados de oficinas uncidos a la rutina de los horarios y a la engañosa gratificación de los sueldos.” (GIORDANO, 1983: 44)

En esta referencia a los Cuentos de la Oficina, el mencionado autor remarca el tema central de la obra, la vida de los obreros, de los trabajadores de las oficinas, de los salarios mal pagos, de la rutina, del encierro, utilizando ironías, metáforas, y como ya hemos visto, un lenguaje sencillo.
En la “Balada de la oficina”, que integra la obra mencionada, el narrador utiliza el imperativo “entra” en forma repetitiva, insistiendo ante aquel hombre que no termina de llegar a su lugar de trabajo, que se distrae en el camino disfrutando del sol, del viento y de la lluvia:

“Entra. No repares en el sol que dejas en la calle. (…) Tienes el domingo para bebértelo todo y golosamente (…) Tú, entra. El sol no es serio. (…) Entra. En la calle también está el viento. (…)El viento es juguetón como un recental; esto no es serio. Tú entra. (…) Y la lluvia!... los otros días estuviste tres horas ¡tres horas!, contemplando… estúpidamente, una larga, monótona y estúpida lluvia. Entra, entra.
Entra; penetra en mi vientre, (…) Entra; así tendrás la certeza… de obtener todos los días pan para tu boca y para la boca de tus pequeñuelos (…) Entra; urge trabajar (…) Entra. Siéntate. Trabaja…” (MARIANI, Roberto: “Balada de la oficina". Subrayado propio)

Es posible, y hasta natural, sentir la musicalidad de la prosa de Mariani en esta “balada” que, como su nombre refiere, está llena de ritmo en la escritura misma. Al final de la cita, observamos dos imperativos que no pueden pasar inadvertidos: siéntate y trabaja.
Como apuntaba Giordano, aquí podemos oír, en la voz del narrador, una crítica a la rutina y a la obligación del hombre de la oficina que “debe” ir cada día para tener “pan” para sí mismo y para sus hijos, “urge trabajar” porque no hay dinero, porque la realidad social está cargada de problemas laborales, de inseguridad laboral, no hay empleos y el que lo tiene “debe” cuidarlo.
El trabajo parece estar personificado en la voz del narrador en una parte de la balada, principalmente porque se observa, en las marcas del enunciado, el Yo relator:

“Yo daré para ellos pan y leche; no temas; mientras tú estés en mi seno, y no desgarres las prescripciones que tú sabes, jamás faltará a tus pequeñuelos, ¡los pobres!, ni pan, ni leche, para sus ávidas bocas. Entra; acuérdate de ellos; entra.” (Mariani)

Sin embargo, más adelante, parece ser la voz del jefe de la oficina, del empleador, la que insiste al trabajador que entre a la oficina:

“Yo sólo te exijo ocho horas. Y te pago, te visto, te doy de comer. ¡No me lo agradezcas! Yo soy así.” (Mariani)

Al mismo tiempo, la incertidumbre de dar nombre propio al narrador nos puede referir todavía a un ente mayor. Ya no es el mismo trabajo que habla, ya no es el empleador el que exige, es posiblemente la voz del Estado, criticado también por el grupo de Mariani como la pieza principal de un sistema injusto y corrupto:

“Ahora vete contento. Has cumplido con tu Deber. (…) Y vuelve mañana, y todos los días durante 25 años; durante los 9.125 días que llegues a mí, yo te abriré mi seno de madre; después, si no te has muerto tísico, te daré la jubilación.” (Mariani)

Llegamos así a la afirmación de que la exigencia del cumplimiento de las obligaciones laborales diarias, del “deber”, no está en una sola persona, en una sola voz, el deber laboral se nos impone desde múltiples perspectivas, el sistema completo conspira para que el trabajador asista diariamente a sus tareas, tanto el empleador como el Estado, incluso la sociedad misma, con el hambre y la pobreza, empujan al empleado a entrar a la oficina, donde muchos “Osram flechan sus luminosos ojos de azufre encendido como pupilas de gata” (Mariani).

Asimismo, la temática del trabajo y del deber laboral es repetitiva en este autor. Así, en el cuento “Rillo”, también perteneciente a Cuentos de la Oficina, observamos que la voz del jefe vuelve a remarcar la tarea y la disciplina que debían tener los trabajadores de las oficinas:

“… Aquí se conversa demasiado, en perjuicio de la buena marcha de la oficina. Tienen la calle, los cafés, para conversar. Aquí se viene a trabajar… Yo fui empleado como ustedes, pero yo sabía cuando había que conversar y ser alegre, y cuándo había que trabajar y ser serio… (…) Sin disciplina no es posible que marche nada… me alegraría que ustedes comprendieran que es conveniente obedecer…” (MARIANI, R. 1976: 16. Subrayado propio)

Aquí podemos observar varias marcas de la realidad, del contexto, cuestiones verosímiles. En primer lugar, y en consonancia con el ejemplo anterior de la “Balada de la Oficina”, se observa una repetición de la palabra “serio”: en la balada expresaba “el sol no es serio” y el viento “no es serio”, ahora insiste en que hay que “SER serio”, y remarca de manera sugerente, sutil, que “es conveniente obedecer”, para que no les pase lo mismo que a Rillo, que fue mandado ante el gerente por desobedecer la orden de no conversar en horas de trabajo. En este sentido, el encargado Torre, quien exige disciplina, aporta un dato referente a la realidad cultural argentina, los cafés. Éstos eran los lugares elegidos por los hombres de la época para hablar largas horas, donde se reunían jóvenes y mayores a compartir experiencias y a generar ideas revolucionarias.


En síntesis, Mariani buscaba, bajo sus producciones literarias, revolucionar los espíritus, como mencionaban en el manifiesto de la revista izquierdista Claridad, teniendo en cuenta los acontecimientos sociales cercanos a él y estando más cerca de las luchas sociales que de las manifestaciones puramente literarias, en referencia a los opuestos martinfierristas.
El espacio social que lo rodeaba tuvo relevancia a la hora de adoptar una posición estética para sus escritos. Su expresión literaria le valió la pertenencia al canon, por la fuerte protesta al Estado, por no forzar la presentación de los hechos. En sus obras se observa una tensión entre realidad y representación, por ello resulta artificiosa su creación y resultan contemporáneos los hechos que presenta.
Mariani apela a la conciencia de los lectores y deja a criterio ellos sentirse identificado con los personajes de sus cuentos. Existe la posibilidad de que el lector se identifique en los personajes de Mariani cuando haya reconocido en ellos una situación familiar, vivida en carne propia en el mundo laboral, en su espacio social. De la misma forma, el lector puede encontrar ficticio un acontecimiento presentado por el autor cuando no éste haga eco de una situación verídica.
En los fragmentos de los cuentos tomados como ejemplo para este trabajo, se prestó especial interés por mostrar, en general, la temática que más se destaca en los cuentos de Mariani, la vida del trabajador. Y de allí sus referencias al deber, a las obligaciones diarias, a la protesta de los empleados ante las irregularidades del trabajo, al Estado como ente principal y cómplice de las injusticias laborales y sociales. Asimismo, se observó que el lenguaje utilizado es más bien sencillo e irónico, aunque su literatura es, al mismo tiempo, muy directa en lo que respecta a la denuncia social del trabajo. Mariani como productor, desde su campo, responde, lucha, tiende a transformar las fuerzas establecidas por los que tienen el poder, se empeña y logra un reconocimiento que no está medido por el mercado literario sino por los lectores que son por “deber” social, trabajadores.


BIBLIOGRAFÍA:

- ALTAMIRANO, C. y SARLO, B. (1997): Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia. Bs. As. Ariel.
- BOURDIEU, P. (1983): Campo del poder y campo intelectual. Buenos Aires, Ed. Folios.
- GIORDANO, C. (1983): “Boedo y el tema social” en Historia de la literatura argentina. Bs. As. CEAL. Tomo IV.
- MANIFIESTO de la revista Claridad. Vigente desde 1926 hasta 1941. Fue tribuna del pensamiento de izquierda, del grupo de Boedo. Director: Antonio Zamora.
- MANIFIESTO de Martín Fierro. Nº 4 de la revista, segunda época. 1924.
- MARIANI, Roberto: “Balada de la oficina" en Cuentos de la oficina. Versión digital.
- ………………….. (1976): “Rillo" en Cuentos de la oficina. Buenos Aires, Ed. Rescate. Págs.10 a 19.
- SANGUINETI, E. (1972): Por una vanguardia revolucionaria. Buenos Aires, Ed. Tiempo Contemporáneo.
- SCHÄFFAUER, Markus Klaus: “modelos narrativos de escritOralidad en la literatura argentina 1900-1925: continuidad y ruptura”. En BERG, Walter Bruno, SCHÄFFAUER, Markus Klaus (eds.): Oralidad y argentinidad. Estudios sobre la función del lenguaje hablado en la literatura argentina. Tübingen (Narr) 1997 (ScriptOralia, 98).

2 comentarios:

marcelo dijo...

Hola Paula, me llamo Marcelo y soy estudiante de Letras. Estoy realizando una investigación sobre Oralidad en Literatura Argentina y necesito el libro de Markus Schaffauer que utilizás como bibliografia en este artículo. Lo he rastreado por internet y sólo conseguí fragmentos en google+books. Es posible que lo tengas? Desde ya muchas gracias. Y este es mi correo: odiseo.333@hotmail.com Gracias. Marcelo

Paula Andrea dijo...

hola marcelo, espero no sea muy tarde para ayudarte. Te mando por mal la info que tengo sobre esa bibliografia que me pedis. Gracias por participar en el blog! seguí navegando, espero seguir ayudandote! Saludos.