sábado, 21 de febrero de 2015

Al día, en paz.

Mate listo a mi lado, me dispongo a dejar registrado en mi viejo y querido blog una serie de sucesos que pasaron y que vendrán. Siento que he perdido la práctica en esto de llenar de letritas una hoja en blanco, un poco por falta de tiempo y otro por falta de inspiración. La vida y los años nos van enfriando el pulso y nos dejamos absorber casi completamente por el devenir de la rutina y los compromisos que uno asume a su paso.
Es extraño, por acá también la vida se ha vuelto llena de matices de blancos y negros que resultan en diversas tonalidades de gris, a veces más claro, a veces más oscuro. -Me tomo un mate amargo y respondo a las necesidades de una voz que me llama: mama mama.
Este año que ha empezado hace ya un mes y medio, comenzará en lo laboral la semana entrante. Tengo a esta altura un poco de ansiedad, nervios, como las primeras veces. Me intriga encontrar caras nuevas, y también caras conocidas, un poco más rellenitas, estiradas, maquilladas, pelos largos o algún look de moda. Seguramente, ellos estarán expectantes al igual que yo, con la diferencia de que lo único que deben hacer es ir y sentarse a escuchar o atender lo que debo llevar preparado. ¿Preparado? Sí, debo prepararme… ahora mismo mientras escribo, reconozco que no toqué ni un papel desde que finalizaron las clases del año pasado. Es que me pasé literalmente todas las vacaciones trabajando en la casa donde iría a vivir mi madre, quien a esta altura ya se mudó y hemos podido lograr, en familia, un objetivo que nos propusimos allá por octubre del año pasado cuando debimos abandonar la casa prestada en la que vivimos dos años y medio. Empiezo algo cansada porque aún quedan detalles por resolver, construcciones por ejecutar y cambios en la casa donde volví a vivir.
A todo esto, regresé a la casa donde crecí, luego de cuatro años de alquileres y comodatos. Aquí viví desde los diez años. Estas paredes tienen mucha historia para contar, me han pasado las mejores cosas y las peores, anduve por muchos rincones llorando, también soñando con un futuro como el que ahora vivo en el presente. Hace mucho tiempo atrás, aquí mismo, deseaba encontrar un amor correspondido, lo que llaman el amor de la vida, una persona que me ame. Había sufrido tantas veces abandonos que me decía a mí misma “me quedaré con alguien que me ame”, y yo aprendería a amarlo, suponía. Sin embargo, mis expectativas sobre el amor eran muy ingenuas, muy inocentes. Debía recorrer más vida para haber hecho otras elecciones, es decir, hacerle caso a mi padre. Paro y me tomo un mate. Pienso que las elecciones que hacemos nos pueden conducir a la ruina o al éxito. Desde chica pensé en eso, una decisión mal tomada y el camino se desvía, el destino sería otro. Si hubiese elegido distinto hace unos años, hoy no estaría viendo a mi hijo reír, gatear, lastimarse, treparme, balbucear, lamer la pared. O quizás tendría otro hijo, de otro padre, pero haciendo lo mismo. O estaría viajando, soltera y aventurera como veo a muchas de mi edad en fotos de redes sociales.
La cuestión es que no quiero quejarme del vacío en mi corazón, ese hueco, que en realidad está lleno, aún insatisfecho, latiendo, latente. Ese espacio que le pertenece a las cosas que hubiera querido hacer, los otros caminos que no recorrí por no poder estar en dos lugares al mismo tiempo, a los que tampoco puedo retroceder porque esos caminos ya no están como estaban, sino que también cambiaron, evolucionaron y se ven bien bonitos así.
Estoy en proceso de practicar el soltar, soltar todo lo pasado, soltar lo presente que no uso, que no me entra, que estorba, y dar lugar a nuevas cosas, o dejarlo vacío por un tiempo. Así como soltar, también estoy perdonando, perdonar por mí, para estar libre yo, ando perdonando a personas que me deben plata, que me estafaron, que me lastimaron de una u otra manera. Los suelto y forman ahora parte de un pasado que ya casi ni recuerdo. A veces me refiero a mi vida de años anteriores y la siento tan lejana como si hablara de una vida paralela o algo que viví literalmente en otra vida. Por otro lado, pongo en práctica el positivismo, hace tiempo vengo viendo el lado bueno, el vaso medio lleno, y me sorprende cómo la gente ve las cosas por el lado que le falta. No niego que yo suelo sufrir por lo que no tengo, pero la mayor parte del tiempo agradezco a Dios por todas las bendiciones que abundan en mi vida.
Arranco este año laboral con más trabajo que el anterior porque me ofrecieron horas de una creación de un curso, así que son mis horas, lo que todo docente espera desde que se gradúa. Arranco con buena salud porque luego de dar a luz recuperé no sólo la silueta que tenía antes sino más, bajé de peso, los cinco kilos que tanto quería bajar y más, así que físicamente me siento liviana, ágil, con más fuerza en los brazos por cargar con nueve kilos a diario. Arranco con casa propia gracias al esfuerzo que hicimos, organizando, proyectando, realizando, realmente es una de las mayores tranquilidades que se pueden tener. Arranco con toda mi familia, a pesar de las peleas y diferencias, están todos en este plano y se los disfruta de una u otra manera. Arranco con el amor de mi esposo y mi hijo, con los que paso la mayor parte del tiempo, amándolos y ellos amándome. Arranco sin un peso en el banco pero, después de todo lo que tengo, ¡eso es lo de menos!
¿Qué más puedo pedir?
Voy a parafrasear a Amado Nervo:

Yo te bendigo, Vida.
Yo fui la arquitecta de mi propio destino; / que si extraje la miel o la hiel de las cosas, / fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: / cuando planté rosales coseché siempre rosas.
Amé, fui amada, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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