sábado, 23 de febrero de 2013

El fuego que da vida

Esta es la situación de inspiración. El momento donde no sé si pertenezco a este lugar o si en realidad pertenezco al otro y vengo aquí temporalmente. La situación del umbral. Quiero ir como el mago de Las Ruinas Circulares a soñar y encontrar ese corazón y agregarle de un momento a otro las demás partes del cuerpo. Sacarlo de mi sueño y darle vida, y descubrir al final que también alguien me está soñando.
Este es el estado que vuelve una y otra vez, la melancolía. Esa sensación que no me deja, sensación de inestabilidad que se vuelve al mismo tiempo, y paradójicamente, la mismísima estabilidad. La desnuda melancolía de querer estar en el sueño que es quizás la realidad, porque tal vez esto es un sueño. Un sueño frío, ausente de fuego, ausente de calor, ausencia breve y fría.
La soledad es peor cuando la mente está libre, la melancolía aparece cuando el trabajo se va, porque el trabajo me deja tiempo para descansar, pero en vez de descansar entro por el umbral a otro plano, a donde sigo creando un estado ideal. Estoy soñando y nadie puede interrumpirme, de a ratos me llaman y pareciera que despierto, entro y salgo del sueño. Pero creen que me despiertan porque respondo inerte “si, no, ajá” cuando hacen preguntas que no logro decodificar, y no, sigo soñando, sigo hundida en la melancolía, sigo inspirada en la ardua tarea de crearlo, de sacarlo del sueño, de que cruce el umbral. Porque la inspiración entra cuando me hundo, cuando sueño, cuando extraño.
Me inspiro cuando los recuerdos de lo que fue regresan al presente y me sumergen, me ahogan, me empujan. Me inspiro por la ausencia, por tratar de descubrir quién se fue a dónde, por no encontrar sentido común ni lógica alguna al estado actual de las cosas, entendiendo por esto el lugar desde el que escribo, acá, donde estoy en estos momentos, sola. Porque la incertidumbre de no saber si somos de allá o si nos vamos allá, o si cada uno se queda en cada lado de los planos, hace que replantee el origen de lo que somos y lo que queremos ser.
Yo lo creo desde mis sueños, donde considero paso más tiempo, por eso de tanto soñar, una y otra vez y por tanto tiempo, luego de construido y puesto en funcionamiento se ve sometido a la prueba y el error, porque lo creé para traerlo a mi realidad, pero no se adapta al entorno. Así, no me queda más que mantenerlo en el espacio donde lo concebí, donde funcionamos perfectamente cuando sueño. Entonces, cuando me quedo viviendo de este lado sin él (lo que suelen llamar “despierta”), me pongo profundamente triste, lo extraño y me inspiro.

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