viernes, 23 de julio de 2010

No los cuidaron bien

¿Qué clase de pacto fue aquel acercamiento ingenuo? En el pasillo de esa casa gris, arreglando una cañería, jugando a los plomeros, y otra vez enredados en una cortina vieja colgada que dividía la sala de los dormitorios. Siquiera empezaban a entender el pequeño mundo que los rodeaba y ya jugaban con fuego. Las madres siempre querían cuidar a sus hijos para que se porten bien y que no rompan nada. Pero ellos no rompían, sólo construían inocentemente algo que perduraría a través de los años.
Es dificil de comprender las vueltas que da la vida, pero siempre se encarga de lograr lo que el destino tiene marcado para cada ser. En ese entonces, era sólo una manera de aprender, de experimentar, algo totalmente normal en la infancia. Prueba y error. No tocar para no quemarse. Pero algo pasó en ese momento. Fue la primera vez que experimentaban algo que no era típico para su edad. Cosas que se prueban en otra etapa. ¿Qué pasó en ese pasillo? ¿Qué pasó en esa cortina que los envolvió? Una magia del universo, quizás sacada de algún cuento. Los niños jugaban, eran felices, pero los adultos no querían que probaran esas cosas. No les dejaban acercarse de la forma en la que se acercaban. Sin embargo, paradójicamente, los unían en juegos que reflejan las actividades de los adultos. Jugaban a la mamá y al papá, al hombre que trabajaba en la oficina, que cargaba su maletín de la casa al trabajo y viceversa, la mujer que cargaba a su pequeño bebé, y tomados de la mano posaban para las fotos que los grandes les sacaban.
La vida se encargó de separarlos espacialmente, pero nada hizo que esos recuerdos salieran de sus pequeñas, y luego grandes, mentes. Ambos sabían que era la primera vez que daban un beso, era la primera vez para los dos, por eso nunca olvidaron esos mágicos momentos. Tenían solo 4 años, edad feliz llena de sentimientos puros. Tal vez fue esa pureza la que perduró veinte años a partir de ese momento, a pesar de los avatares de la vida, y volvieron a jugar los juegos de la infancia. En contra de las rutinas, a pesar de los retos de madres leonas que no querían que pasara, hicieron que los discuros autoritarios y censuradores perdieran valor, y en ese momento, veinte años después, los niños grandes dijeron que sus mamás no los cuidaron bien.


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